Cuando los expertos quieren conocer las cifras de referentes a laadicci¢n al sexo se encuentran con un problema. O no existen o sonvagamente estimativas. No es una adicci¢n cualquiera, su incidencia no puede medirse en miligramos en sangre. Adem s, el n£mero deindividuos que reconocen su problema es mucho m s reducido que enotras adicciones, y el n£mero de los que buscan ayuda para poder salir de ‚l es a£n m s reducido. Sin embargo, la adicci¢n existe, y poco apoco nuestra sociedad toma conciencia de ella.No son buenos tiempos para las tendencias adictivas. Desde larevoluci¢n industrial del siglo XIX todo se produce, se empaqueta y se transporta. La oferta precede a la demanda. Desde la revoluci¢ninform tica de finales del siglo XX, todo est al alcance de un clic,desde la compra semanal hasta nuestra cita del pr¢ximo fin desemana.El sexo es poderoso. Una necesidad suponiendo que queramos prosperarcomo especie, y as¡ ha sido desde hace miles de a¤os. Pero, comocualquier otro aspecto de nuestra vida, est te¤ido del color de lostiempos, y los tiempos actuales lo han convertido en un producto deconsumo. Se ha comercializado y se optimizan sus recursos para sacarle el m ximo provecho comercial. Y la sociedad de consumo lo utilizacomo producto de liberaci¢n y de autoafirmaci¢n personal, comoparadigma de la libertad individual y el culto a la autoimagen. Perohay individuos que lo convierten en su c rcel. Entrevistamos a unpol¡tico, a un empresario, a un estudiante con tendencias ped¢filas... la adicci¢n no entiende de clases sociales. Este libro surgi¢ gracias a que ellos quisieron hablarnos