AGUIRRE DELCLAUX, MARIA DEL CARMEN
La historia de estas gentes discriminadas y perseguidas, que hallegado casi hasta nuestros días, es una rareza difícil de explicar.Tenemos que retroceder a épocas muy remotas que justifican el rechazo por la ignorancia de los pueblos. Aun así, no se comprende que se haya prolongado tanto tiempo. Los últimos agotes de la historia viven en Bozate, barrio equidistante de Arizkun y Errazu, dos de los catorce pueblos que componen elnavarro valle del Baztán, frontera con Francia. Al otro lado de losPirineos, los franceses les llamaron cagots. Vivían en barriosapartados, con la prohibición de mezclarse con los vecinos de otrospueblos. Para que su separación fuese completa, debían distinguirsehasta en la propia vestimenta y tenían que llevar la marca de un piede pato de color rojo, de manera bien visible. Además estabanobligados a avisar de su presencia haciendo tañer unas claquetas paraque los otros se apartasen. Eran objeto de discriminación en la laiglesia, donde les estaban reservados los últimos bancos. No podíanllegar hasta el altar ni para comulgar ni para recibir la paz, elsacerdote bajaba a dársela. En la ofrenda de pan a la iglesia, y queel monagillo recogía en un saco, le daba la vuelta a éste, para quelos panes de los agotes no se mezclasen con los otros. Tenían una pila de agua bendita y un cementerio aparte, incluso habíaiglesias con una puerta especial para ellos. Tampoco se les permitíaser sacerdotes. Nunca les dejaban participar en los bailes y en lasfiestas de los pueblos del valle. Una maldición que ha llegado a sufin.