Un montón de palabras irreverentes, imprudentes y osadas que todossusurramos algunas veces, pero que pocos nos atrevemos a decir en vozalta... Y mientras las sacaba de mis entrañas, una a una, y mearañaban el alma, descubrí que esas palabras eran el antídoto paratodo, que curaban mis heridas y sacaban al sol mis penas. Me di cuenta de que todos somos el mismo amasijo de miedos y que lo que nos hacedistintos es la forma en que nos enfrentamos a ellos y de que ya novolvería a esconderme nunca más aunque tuviera que hacer el ridículomás sonoro.Supe que era mejor ser imprudente y traspasar algunaslíneas a quedarme corta y preguntarme toda la vida qué habría pasadosi hubiera tenido el valor. Con respeto, con cierta cordura, laimprudencia nos hace más sabios.