Y entonces, Amorina cogió una rabieta, se revolcó por el suelo, diopatadas, alaridos, y lanzó un zapato al cielo.
La niña se negaba a ensayar, a tocar el violín, que es un instrumentofenomenal, estupendo, genial, que suena sin igual; pero que siendo así no es para todas las niñas, ni todos los niños, como tampoco a unbailarín se le obliga a pintar dibujos o a preparar zarzaparrilla.Amorina prefiere aprender con el yayo, que utiliza la motosierra igual de bien que la ardilla trepa por el árbol. Y la niña agarra lamotosierra, la enciende y con su «brm..., brm?, brm» se va como unrayo.