Los autores entienden que en el desarrollo antropológico de la humanidad hay un punto crucial al nivel del conocimiento, que es aquel momento o fase de la evolución específica en que la inteligencia del homínido, ya hecha racional, se torna además reflexiva. La condición “racional” hace que la inteligencia humana pregunte y se interrogue buscando en los fenómenos de la realidad algo que la Naturaleza obviamente se obstina en negar: el sentido de las cosas. Una pluralidad de sentidos: de la vida, de la muerte, del entorno y el mundo exterior, del mundo interno, de las relaciones intersubjetivas... Cuando el hombre empieza a fabricar respuestas es que ha entrado ya en una nueva etapa antropológica: la fase de la “reflexión”. Al efecto da lo mismo que las respuestas sean correctas o inadecuadas, lo que importa es la capacidad paraidearlas. Pues bien, en ese contexto y fase antropológica de la reflexión es cuando nosotros creemos que la Idea Animista quedó implantada en el cerebro humano.