En 1937, al realizar una adaptaci¢n radiof¢nica de El libro deCrist¢bal Col¢n de Claudel, me sent¡ irritado por el empe¤ohagiogr fico de un texto que atribu¡a sobrehumanas virtudes alDescubridor de Am‚rica. M s tarde me top‚ con un incre¡ble libro deLe¢n Bloy, donde el gran escritor cat¢lico solicitaba, nada menos, que la canonizaci¢n de quien comparaba, llanamente, con Mois‚s y SanPedro. Lo cierto es que dos pont¡fices del siglo pasado, P¡o Nono yLe¢n XIII, respaldados por 850 obispos, propusieros por tres veces labeatificaci¢n de Crist¢bal Col¢n a la Sacra Congregaci¢n de Ritos.pero ‚sta, despu‚s de un detenido examen del caso, rechaz¢rotundamente la postulaci¢n. Este peque¤o libro s¢lo debe verse comouna variaci¢n (en el sentido musical del t‚rmino) sobre un gran temaque sigue siendo, por lo dem s, misterios¡simo tema... Y diga elautor, escud ndose en Arist¢teles, que no es oficio del poeta (odigamos del novelista) el contar las cosas como sucedieron, sino comodebieron o pudieron haber sudcedido Alejo Carpentier