Puede que el adjetivo que más convenga a los relatos reunidos eneste volumen sea el de «crueles». Pero la crueldad que los distingueno se desprende solo de la materia que muy a menudo los ocupa?atrocidades sin cuento, salvajadas sin nombre, bestialidades quehielan la sangre?, sino que tiene que ver, además ?y sobre todo?, conla actitud del narrador, con su modo tan despiadado de tratar esamateria, de tratar al lector mismo. Como en ese montón de miembros yvísceras informes en el que se reconoce sin embargo un cuerpo humano,así también, en no pocas de estas piezas, se reconoce su condición derelatos a pesar de que carecen de casi todos los atributos del género. Tanto mayor es el impacto de su escritura directa, cargada de tensión y de peligro, de suspense y de misterio, y también de humor. Porqueel humor ?un humor tan elíptico como desopilante? es el clavo ardiendo que al lector se le brinda para sustraerlo al horror que tan a menudo inunda estas páginas, repletas de crímenes, de monstruos, depesadillas, de enormidades. De sorprendentes confesiones, además. Asícomo de una belleza inesperada.Estos Besos humanos vienen a proclamar abiertamente unaevidencia hasta ahora apenas susurrada: que, camuflada bajo sureputación de poeta esquivo, de escritor «raro», «inclasificable», laobra de Ferrer Lerín esconde una de las propuestas más audaces yradicales de la narrativa española de las últimas décadas. Espigadastanto de sus diferentes libros como de su blog personal, las piezasreunidas en este volumen recorren esta faceta insuficientementedestacada de un autor en todos los sentidos políticamente incorrecto:un maestro del miedo que es a la vez, sin paradoja alguna, unseductor.