Todo a nuevo: el país parecía el cuerno de la abundancia, aun cuandolos frutos estuviesen desigualmente repartidos. Si bien existíanintelectuales obsesionados con la cuestión del "ser nacional" y aunque muchas de las simientes de nuestros dramas políticos posteriores yaestaban madurando bajo la superficie, nadie dio mucho crédito alinventario de Buenos Aires que Martínez Estrada presentaba conlenguaje tan irritado como irritante, apenas atenuado por momentos dearrebato lírico y otros de facetado diamantino. Así que no hay mejorinvitación a tomar conocimiento de la ciudad de Buenos Aires que estelibro robusto y perturbador, justamente porque fue escrito paradesenmascarar fachadas, inquietar cimientos y para pronosticar unfinal. Es, entonces, un libro de revelaciones.