El desafío separatista lanzado por los nacionalistas catalanes -tantode izquierdas como de derechas- al Estado central para lograr susobjetivos tiene, entre otras muchas particularidades, el de obviar,prácticamente, a la mitad de la población de Cataluña que no está porla labor de acompañar a los independentistas en su viaje en contra dela ley y del Estado de derecho. Una de las batallas que losnacionalistas han presentado desde hace tiempo es la del lenguaje. Unaspecto que, desde luego, resulta revelador. Por desgracia, soloaquellos catalanes que hayan abrazado la fe ideológica nacionalistason considerados por el "establishment" como catalanes de verdad, depura cepa. El resto de ciudadanos de Cataluña que no ha sucumbido aesta moderna fe laica no ha alcanzado semejante estatus social.Cualquier ataque, o crítica, hacia el nacionalismo catalán seinterpreta como una afrenta a Cataluña, ya que éstos se han arrogado,en exclusividad, la catalanidad misma. ¿Qué sucede cuando son elloslos que atacan o critican a los catalanes que no comparten suideología? ¿Acaso no resulta, también, un ataque a la mismísimaCataluña?