«Al leer a Chesterton nos embarga una peculiar sensaci¢n de felicidad. Su prosa es todo lo contrario de la acad‚mica: es alegre. Laspalabras chocan y se arrancan chispas entre s¡, como si un juguetemec nico hubiese cobrado vida de pronto, chasqueando y vibrando consentido com£n, esa maravilla de maravillas. Para ‚l, el lenguaje eracomo un juego de construcciones con el que montar teatros y armas dejuguete.»Alberto Manguel