®Que una mujer sea presentada como maestra, como prototipo de lapiedad, no puede sorprender a nadie que sepa que la piedad es, seg£nsu esencia, feminidad¯. Con estas admirables palabras inicia elfil¢sofo dans el primero de los discursos sobre la mujer pecadoraque se acerca a Jes£s de Nazaret (Lc 7, 37-50).