Llorar, tener lástima, compadecerse de un enfermo que sufreconstituyen acciones humanas que brotan de un corazón sensible. Es muy humano sentirse así por alguien. Pero una excesiva sentimentalización de la compasión -hipertrofia- podría desembocar en su resultadoantagónico: la impiedad. Desvincular la compasión de la razón práctica produce una confusión ética que la hace errar en su esencia. Conducea la pérdida de su carácter objetivo, anulando su racionalidad. Y aldejarse comprar -embaucar- por meros sentimientos, estos le hurtan suverdadero significado. Como afirma el protagonista de El quinto endiscordia, (Robertson Davies) «la compasión embota la inteligencia más deprisa que el coñac».El profesor García-Sánchez describe la verdadera compasión como uno de los cuadros más conmovedores del amor humano. Lo esencial de lacompasión con el enfermo lo definen las acciones dirigidas a paliareficazmente el dolor en todas sus dimensiones. El tratamiento deldolor debería convertirse en una prioridad profesional y en unaexigencia ética de cualquier sanitario que quiera ser compasivo.Porque eliminar el dolor a través de la muerte cuando ya es posiblecontrolarlo y aliviarlo equivale a amputar un brazo para curar undedo. Absurdo. Nadie de-bería morir a manos de otro por la lástima deun dolor no paliado. Existiendo los cuidados paliativos no tienesentido seguir hablando ni de muerte compasiva ni de eutanasia.