Quizá nadie haya personificado la figura del poeta romántico comoGeorge Gordon Byron (1788-1824), sexto barón de Byron, cuya singular y repentina celebridad surcó el firmamento cultural europeo como uncometa. Su linaje aristocrático, su tumultuosa vida en Londres y enVenecia, sus simpatÃas revolucionarias y su temprana muerte en Greciasellaron la identificación del autor con unos personajes -ChildeHarold, El corsario, Manfred- que parecÃan encarnar ese oscuro impulso de libertad y rebeldÃa nihilista del espÃritu moderno. La realidad,sin embargo, es más compleja y a la vez más fascinante, comodemuestran su ingente correspondencia y estos Diarios que ahora damosal lector en la edición modélica del escritor Lorenzo Luengo. En ellos comparece un Byron más Ãntimo y cercano, que se vuelca por igual enel apunte costumbrista, las notas de viaje, el retrato del natural, la reflexión de Ãndole moral o la introspección biográfica, capaz enocasiones de un enorme candor. Por la vivacidad de su estilo, supenetración psicológica y su cautivadora franqueza, estas páginas sonlo más parecido que tenemos a un autorretrato del poeta. En la lucidez irónica, en el infalible sentido de la comedia mundana, en lacapacidad de sátira y a la vez de humana simpatÃa encontró Byron lainmortalidad.