Con el nuevo mundo nos hemos adentradoen otro mundo, que ya no se basa en las antiguas categor¡as. Unmundo en el que sobrevivir es sobrevivir al odio. Glucksmannprofundiza desde diversas perspectivas la presencia misteriosa delmal y del odio en el hombre. La decapitaci¢n de las TorresGemelas, la explosi¢n de los trenes en la Estaci¢n de Atocha y elhorror de Beslan nos conducen a un paisaje in‚dito. Hasta entonces,los Estados pretend¡an mantener al demonio dentro de la jaula. Ladevastaci¢n nuclear estaba bloqueada por la disuasi¢n. Hastaentonces, ni la Bomba ni el Kal shnikov hab¡an trastornado de manerafundamental una concepci¢n muy cl sica del conflicto de intereses,que Rousseau bautiz¢ como ®estado de guerra¯. A partir de ahora hayque pensar en un nuevo ®estado de odio¯. La facultad apocal¡ptica depitar el final del partido, antes patrimonio de los dioses y,despu‚s, monopolizada por las superpotencias, se ha puesto al alcancedel gran p£blico. As¡ describe Andr‚ Glucksmann, con superturbadora capacidad de anticipaci¢n -y su particular estiloliterario, en el que lo inquietante se convierte en po‚tico- elmundo del siglo XXI. Un siglo que el hombre inici¢ creyendo haberrelegado los odios colectivos a los libros de historia. Pero ¨porqu‚ misterio insondable -se pregunta el autor-, por qu‚inconmensurable ingenuidad el pasajero del siglo XXI se hace elsorprendido cuando el odio fuerza su puerta? El odio existe, aseguraGlucksmann. Todos lo hemos visto: tanto a escala microsc¢pica de losindividuos como en el coraz¢n de las colectividades gigantescas.