La Mancha es un mar de tierra aquietado por la pobreza, de secoslabrant¡os, y si acaso se distingue algo son alguno que otro humildeaprisco asustado de casas de nombre que suena con los puros metalesdel yunque castellano. No es vivir en peligro la haza¤a de donQuijote, es morir en peligro, adentrarse en el denso boscaje de latristeza y amanecer sin ninguna fe en d¡as vencidos, derrota trasderrota. Su alma se ha liberado de las aflicciones, est libre delnudo corredizo de la tragedia. No es el cristo que clama contra elabandono de su padre, a Dios le nombra con lejan¡a, sin vanaesperanza, con epic£reo desentendimiento: es tan infinita su ausencia. Sin fe no hay duda que maniate las manos, trabe los pies, pongamordaza en la boca, se puede ser libre para hacer el bien: consolar y, en lo posible, remediar a los llagados con la pobreza, losmaltratados de la justicia o heridos de la fiereza del poder.