El motor de este trabajo ha sido la b£squeda de explicaciones para laserie de cambios que los museos espa¤oles han experimentado durantelas tres £ltimas d‚cadas. La respuesta se halla en un mapamuseol¢gico dominado por dos grandes tradiciones: una, mediterr nea,capitalizada por Francia; y otra, anglosajona, brit nica ynorteamericana, ante todo. Aquella est construida sobre museos dearte y propicia instituciones sustantivas o nominales (est ticas,clasificadoras) en las que la conservaci¢n de los objetos constituyeun fin en s¡ mismo, con el culto a la obra maestra y el placerest‚tico como corolario. Esta otra, de perfil antes cient¡fico,reviste una naturaleza verbal (din mica, narrativa) y hace de laeducaci¢n del p£blico su raz¢n de ser, con lo que los objetos seconvierten en gen‚ricos y no necesariamente originales instrumentosformativos. A nosotros, por razones hist¢ricas, nos resulta familiarla tradici¢n francesa, pero eso no deber¡a llevarnos a creer que setrata de una l¡nea anterior y hegem¢nica respecto a la otra. Aunquesim‚tricas, tampoco nos hallamos ante dos formas de entender el museocerradas sobre s¡ mismas. Los £ltimos cap¡tulos del libro,precisamente, inciden en c¢mo Francia ha sido capaz de refrescar susfundamentos mediante la asunci¢n de pautas originalmenteanglosajonas. El tramo m s sustancial del proceso se benefici¢ delnuevo concierto internacional que sigui¢ a la primera guerra mundialy llega hasta hoy. Hablamos de la adopci¢n del tantas veces criticadocomo casi en secreto admirado ®modelo americano¯.