En busca del tiempo perdido es una de las cumbres de laliteratura francesa y universal. Esta edici¢n en formato estuchere£ne las siete partes de esta obra magna de Marcel Proust.Por la parte de Swann se divide en tres partes,todas ellas variaciones sobre el tema del tiempo que inexorablementequeda atr s: ®Combray¯, el pueblo de la infancia del protagonista,que lo rememora antes de dormir; ®Un amor de Swann¯, o el despilfarrodel tiempo en un amor, el de Odette y Swann, agostado por los celos;®Nombres de pa¡s: el Nombre¯, que gira en torno a los recuerdos de laadolescencia. En A la sombra de las muchachas enflor, tras volverse poco a poco indiferente a la hija deSwann, Gilberte, el narrador visita el balneario de Balbec con suabuela y conoce a Albertine, ®una chica de brillantes y sonrientesojos y mejillas redondeadas y opacas¯. Pero en el pesimista universoproustiano esta afortunada connivencia resulta ser una concesi¢ncaprichosa e imprevisible, un don gratuito ante el cual la £nicaactitud v lida es la disponibilidad. En La parte deGuermantes, tercer volumen de los siete que componen lamonumental obra de Proust, presenciamos el ingreso del joven Marcelen el so¤ado mundo de la aristocracia. A la elegancia de los salonesservir de contrapunto f£nebre la sombra de la muerte. EnSodoma y Gomorra, mientras espera en el patio de laduquesa de Guermantes, contemplando la polinizaci¢n de sus orqu¡deas,el narrador observa en secreto el encuentro sexual entre dos hombres,el bar¢n de Charlus y Jupien, una escena representada seg£n las leyesde un arte oculto. De este modo comienza una meditaci¢n profundasobre la sexualidad y el deseo, alimentada por la atracci¢n que elnarrador siente por la bella Albertine. En Laprisionera, el narrador recluye a Albertine en su casa dePar¡s para alejarla de las tentaciones l‚sbicas, al tiempo quedesarrolla su particular teor¡a sobre los celos, el placer sexual,los remordimientos y toda la gama de sentimientos encontrados queproduce en el ser humano el amor. Sus digresiones en torno al arte,como la famosa disquisici¢n engendrada a partir de la muerte delescritor Bergotte y de un cuadro de Vermeer, Vista de Delft,se traducen en algunas de las p ginas m s hondas, emocionantes yturbadoras que sobre la pulsi¢n creativa se hayan escrito jam s.En Albertine desaparecida Proust prosigue sudetallada y obsesiva narraci¢n de los delirios amorosos, de laangustia del deseo y, en especial, de los celos, el sentimiento quealienta con mayor fuerza en estas p ginas, protagonizadas porAlbertine, una de las amantes m s perdurables de la literaturauniversal. Un peculiar tour de force en torno a la figura dela amante ausente y del dolor por el cuerpo perdido. En els‚ptimo y £ltimo volumen, el narrador ve desfilar ante sus ojos atodos los personajes de su vida, cruelmente golpeados por el tiempo.En plena Primera Guerra Mundial, el bar¢n de Charlus sigue buscandoamantes bajo el fuego enemigo que cae sobre Par¡s, al tiempo queMarcel sigue rememorando episodios de su infancia. Para muchoscr¡ticos, El tiempo recobrada constituye el libro m sintenso y turbador de toda la serie, un verdadero baile de fantasmasen el que el tiempo celebra su £ltima representaci¢n.Rese¤as:
®Ojal pudiera escribir as¡.¯
VirginiaWoolf ®Un cuento de hadas, una de las mayores obras maestrasdel siglo XX.¯
Vladimir Nabokov ®Me has dicho a menudo quela extensi¢n de las frases de Proust te exten£a. Pero espera a queregrese y te leer‚ esas interminables frases en voz alta: c¢mo,inmediatamente, todo se organiza!¯
Andr‚ Gide, en su Carta aAngŠle ®Las flores y plantas no poseen voluntad. Sondescaradas, exponen sus genitales. Y as¡, en cierto sentido, son loshombres y mujeres de Proust... Descarados.¯
Samuel Beckett®No ha existido