La famélica España de 1939 estuvo a punto de convertirse en laprincipal potencia exportadora de petróleo. Eso al menos es lo queFranco creía entonces y lo que pronto la prensa del régimen seencargaría de pregonar a los cuatro vientos. Un químico austriacollamado Albert von Filek, inventor de un combustible sintético quemezclaba extractos vegetales con agua del río Jarama, había puesto sufórmula secreta al servicio del engrandecimiento de la nueva Españadespués de rechazar generosísimas ofertas de las grandes compañíaspetroleras.Protegido y adulado por el régimen, Filek gozó de laestima de sus más altas personalidades hasta que un simple análisisquímico desveló el engaño y provocó su ingreso en prisión.Filekhabía aparecido en Madrid en 1931. Aunque para entonces tenía ya unlargo historial delictivo a sus espaldas, no pasaba de ser un pequeñoestafador. Ignacio Martínez de Pisón sigue su rastro por archivos yhemerotecas de media docena de países hasta centrarse en su etapaespañola, en la que un golpe del destino convierte brevemente en untriunfador a este pícaro de la vieja escuela, un superviviente nato,un individuo con muchas dotes de persuasión pero muy pocosescrúpulos.Desde el inicio de su carrera delictiva hasta sumuerte en Hamburgo en 1952, Albert von Filek fue testigo, protagonista y a veces víctima de algunos de los episodios más convulsos de lahistoria de Europa del pasado siglo.