Imaginemos un mundo en el que la técnica ejerce su dominio sobre loshombres. Un mundo en el que la libertad política ha sido suplantadapor un juego caciquil entre industriales, financieros y políticos. Unmundo en el que la religión ha sido sustituida por una parodia deverborrea pseudo-humanitaria. Un mundo en el que el libre pensamientoha sido proscrito y la televisión se ha convertido en única referencia cultural de las muchedumbres. Un mundo cuya máxima aspiración escrear y reproducir artificialmente seres humanos. ¿Conocemos algoparecido? Por supuesto: España, hoy. Salvo que aún nos quedan algunasrendijas por las que escabullirnos. Pero ¿por cuánto tiempo? ¿Si en1984 George Orwell retrató el totalitarismo que al final de la guerrase cernía sobre Europa, no cabe duda de que si mañana es posible unnuevo totalitarismo, será como el del mundo que Esparza dibuja en Elfinal de los tiempos. ¿Qué fuerzas podrían oponerse a ese mundo detécnica despótica en el que el espíritu ha desertado? Primero, lafuerza del amor: esa es la historia que viven los protagonistas.Además, la fuerza del honor: los últimos hombres justos conspiran para derribar el desorden establecido. También la fuerza del propioespíritu: el anhelo de lo sagrado vencerá siempre a la mutilaciónmaterialista. Y, sobre todo, la fuerza de la vida: frente a un mundoestéril, obsesionado con crear seres artificiales, El final de lostiempos reivindica el derecho a la vida y canta la apología de lamaternidad en una lectura integral de la condición femenina. El dolores la primera parte de la trilogía El final de los tiempos. Su tema es la impotencia del hombre ante el sufrimiento «ante el dolor»,materializado en la esterilidad; su propuesta es la asunción valerosade un sentimiento trágico de la vida y el retorno al espíritu en unrelato que combina magistralmente la aventura, la intriga y lareflexión.