En las generaciones sin ideales se advierte una sorda confabulación de mediocridades contra el mérito. Todos los incapaces de crear supropio destino conjugan sus impotencias y las condensan en una moralburocrática que infecta a la sociedad entera. Los hombres aspiran aser medidos por su rango de funcionarios; el culto cuantitativo de laactitud suplanta el respeto cualitativo de la aptitud. El hombre quese postra ante el rango de fetiches pomposos, logra hacer carrera enel mundo convencional a que sacrifica su personalidad; lo merece. Sudestino es frecuentar antesalas para mendigar favores, perfeccionandoen protocolos serviles su condición de siervo.