1565, Europa todavía no se había repuesto de la última acometidaotomana que se saldó con el asedio de Viena de 1529. De nuevo, dosantiguos enemigos, el Imperio Otomano y la Orden Hospitalaria de SanJuan, vuelven a cruzar sus espadas. En su anterior choque, loscaballeros hospitalarios habían tenido que renunciar a su posesión dela isla de Rodas en 1522 tras un largo y penoso sitio, dando con ellola hegemonía del Mediterráneo Oriental al Imperio Otomano. Gracias alemperador Carlos V, la Orden Hospitalaria asentó su base en la isla de Malta, desde donde continuó su lucha contra el Turco. Malta seconvirtió en un obstáculo para la Sublime Puerta en su intento porconvertir todo el Mediterráneo en un "Lago Turco". Con la posesión dela isla, el Imperio Otomano no sólo vería realizado este objetivo sino que dispondría de una excelente base de partida para atacar elcorazón de la Cristiandad, Roma, y expandirse por Europa Occidental.En Malta, no solamente los Hospitalarios se jugaron su destino comoOrden, también se jugaba el destino de la Cristiandad y de lacivilización occidental. Una Cristiandad dividida por el gran cismaque supuso la Reforma Luterana en el orden religioso y político. Sobre el papel, la lucha parecía totalmente desigual: por un lado, elImperio Otomano con vastos recursos a su disposición; por otro lado,un puñado de caballeros hospitalarios sin apenas ayuda de suscorreligionarios cristianos, sólo la agobiada España mandó algunastropas, pero mandados con férrea determinación por su Gran Maestre,Jean de La Vallette. Durante todo el verano de 1565, Europa contuvo el aliento ante la titánica lucha que se desarrollaba en aquella pequeña isla, esperando en cualquier momento las noticias del inevitabledesenlace. Pero ello no sucedió: Malta se salvó. Esta es la historiade aquella gesta y de los hombres que la realizaron.