A punto de cumplirse cuarenta años de la firma de los Acuerdos entrela Iglesia y el Estado es posible plantear su vigencia actual para una sociedad secularizada muy diferente a la de los inicios de laTransición, y que se expresa políticamente de forma más plural ydiversa, con la irrupción de nuevos partidos de fuerte implantación,que hacen más complejo e inestable el sistema político actual. Conpropuestas que van desde la permanencia de los Acuerdos hasta sudenuncia, parece claro que es necesario encontrar nuevos consensos que partan de la base de la obligación del Estado de garantizar unespacio público inclusivo, que vea el hecho religioso como expresiónde un derecho fundamental de la persona que conlleva el respeto a lalibre expresión de esos sentimientos religiosos, aunque dentro de unmarco de aconfesionalidad y libertad religiosa.