Nuestra memoria es capaz de retener los hechos más significativos, deforma que nos sería muy fácil escribir una pequeña o gran biografía de nuestras aventuras. Pero hay una época a la que no podemos acceder si no es por los relatos de nuestros padres. Olvidamos nuestrassensaciones y no tenemos memoria ni de cómo nacimos, ni de cómopensábamos, ni de cómo se desarrollaron nuestros primeros días en este mundo. Por ello, observando el día a día de ese regalo de lanaturaleza que son los hijos y los nietos, me decidí a guardar en mimemoria los momentos y cada uno de los gestos que nos regalaba misobrina nieta. Al comprobar las fotos de mis hijos con los de lapequeña protagonista de esta historia me di cuenta de la similitud, yme decidí a escribir esta historia, en la casi seguridad de que es lahistoria de la mayoría de los miles de niños que todos los años nacenen nuestro país, con la esperanza de transmitir a sus padres esaspequeñas señales que nos envían los críos y que, habitualmente,traducimos bastante tarde, así como para que sirva de recuerdo de eseprimer año de nuestras vidas al que ni nosotros, ni nuestros padres,sabemos poner luz. «que decidan por ellos, que se equivoquen, quecrezcan y que un día nos digan adiós». Es un fragmento de la canciónde mi maestro Joan Manuel Serrat, que nombra la niña casi en sudespedida. Javier Campos.