F. OCARIZ BRAÑA / A. SANCHEZ-TABERNERO / A.
«Así era don Javier. En su corazón sacerdotal cabían todos. A cada uno le hacía sentirse como si solo él existiera en el mundo: tanto en una conversación personal más pausada como en un encuentro fortuito. ¿Qué le movía, cuál era el resorte más profundo que le impulsaba apreocuparse de los demás? La respuesta no puede ser otra: su relacióníntima, personal, viva, con Jesucristo, en el Pan y en la Palabra».(Del discurso de Mons. Fernando Ocáriz, Prelado del Opus Dei).