El reinado de Juan II ocupa pr cticamente la primera mitad del sigloxv, ‚poca en la que se reciben las influencias human¡sticas que van amarcar la cultura castellana en adelante, as¡ como las ideaspol¡ticas que propugnaban un poder concentrado para el monarca (elpoder¡o real absoluto). A pesar de todo ello, la personalidad de unmonarca pusil nime y vacilante, como sin duda lo fue el hijo deEnrique III, result¢ poco apropiada para aprovechar todas lasventajas que las nuevas corrientes de pensamiento ofrec¡an. Enpuridad, m s que una biograf¡a regia habr¡a que hacer la de sufavorito, el condestable µlvaro de Luna, que fue quien durante lamayor parte del reinado personific¢ la figura de un monarcapol¡ticamente ausente. Si a esto a¤adimos que Fernando de Antequera,hermano de Enrique III y corregente durante la minor¡a de su sobrino,decidi¢ utilizar su influencia para colocar a su prole en los puestosclave de la vida pol¡tica peninsular, entenderemos que fue un reinadob sicamente revuelto. Revuelto por la actividad de un ®monarca¯ noleg¡timo (el condestable Luna), por las intrigas continuas de losinfantes de Arag¢n (los hijos del monarca aragon‚s Fernando I, el deAntequera) y por el ansia levantisca y acumuladora de se¤or¡os yrentas de la mayor¡a de la nobleza. Podr¡a decirse que el reinado deJuan II es el resultado de los enfrentamientos a numerosas ycambiantes bandas de estos tres grupos de actores, donde elcondestable era el £nico que miraba por el decoro de la real corona(sin perjuicio de jugar a convertirse en el se¤or m s poderoso delreino y con la clientela pol¡tica mejor nutrida). Mientras tanto, elpueblo castellano asist¡a at¢nito a hechos que escapaban totalmente asu control.