Este singular caleidoscopio, escrito a brincos y cabriolas, alboreapor un In Dei Nomine testamentario o última y postrimera voluntad deGabriel Mudarra Blanquer el año en el que Dios Nuestro Señor llamó arendir cuentas al rey Carlos II, dejando a España tiritando entre unduque y un archiduque que habrían de llevarla hasta las cárcavas,huércenes y despeñaderos de la Guerra de Sucesión, sucesointernacional y dinástico, que cerró las puertas de una casa, la delos Austria, para abrir otra, la de los Borbones, por donde losespañoles salieron y entraron unas veces vivos y otras veces muertos.Este batiburrillo, cuyo desbrozamiento ha sido fragmentario y aretales, hará su curso entre meandros, dando vueltas y revueltas,buscando su camino hacia la mar, como las aguas de las tormentas porlos abarrancamientos del Descubierto, norte abajo, entre basuras,cadáveres de gatos y gredas, hasta los juncales de las huertas delPilar de la Noria.