Tras treinta y muchos años dedicado a la enseñanza, el último curso me vi ocupando el cargo de jefe de departamento. Yo, que aspiraba ajubilarme virgen de cargos administrativos, me encontré teniendo queredactar las actas de las reuniones.
Después de unos meses dedesconcierto en que semanalmente redactaba el acta correspondiente, me enteré que sólo era necesaria una al mes. Y entonces perdieroninterés.