Si a la precisi¢n impoluta de sus estructuras, a la dif¡cil claridadde una voz fraguada en mil batallas y al ritmo insobornable yembriagador de la poes¡a de Katy Parra les damos una vuelta de tuerca, los ponemos contra las cuerdas de lo que de verdad importa, elresultado es este Licencia para bailar.