Mientras los griegos ricos se las ingenian para no pagar impuestos,los griegos empobrecidos por la crisis s¢lo pueden indignarse ante elescandaloso fraude fiscal o desesperarse ante el empeoramiento de lasituaci¢n. Sin embargo, un hombre ha decidido pasar a la acci¢n ytomarse la justicia por su mano. Con cartas de amenaza y armasanticuadas, se dispone a ajustar cuentas. Entretanto, en la Atenas alborde de la quiebra, todo est patas arriba, excepto el Departamentode Homicidios. No hay cr¡menes, s¢lo rutina y burocracia. Cuandoencuentran el cad ver de la primera v¡ctima que se cobra ese peculiarjusticiero, el comisario Kostas Jaritos casi siente alivio. Su jefe le ha hablado de un posible ascenso, pero de momento le han recortado el sueldo y su hija Katerina piensa en emigrar porque no encuentratrabajo. Y ‚l tiene que atrapar a un asesino que realiza una obra«providencial», aplaudida por muchos ciudadanos.