Lo que en principio había concebido como una trilogía, he aquí que,por artes fantasmales, se ha convertido en una tetralogía. Comencé con Los Fantasmas de la Catedral de Sevilla. Seguí con Los Fantasmas delAlcázar de Sevilla. Y cerré la trilogía con Los Fantasmas de lasCatedrales de España. Ahora aparece Los Fantasmas del PalacioArzobispal de Sevilla.De sus moradores los arzobispos y de cosascuriosas ocurridas en sus pontificados tratará este libro. Hay unamáxima latina que dice: De mortuus nihil nissi bonum (de los muertosno decir sino lo que les favorezca). Pero no sé si mi canónigonigromante Diego Alfonso de Sevilla, que me dicta los siguientesrelatos, se atendrá a ello. Más bien creo lo contrario. Es decir, quedirá al pan, pan, y al vino, vino, cosas buenas y cosas no tanbuenas.Alguno se preguntará con Calderón de la Barca, en Los hijos dela Fortuna:-¿Aún no es muerto y ya es fantasma?Y le diré que no. Losfantasmas, muertosson. Los que aún vivan, moradores de esa casona,Palacio Arzobispal de Sevilla, no son fantasmas. Todavía. DiegoAlfonso de Sevilla, mi canónigo nigromante, me explica que solopersigue contar las historias de los verdaderos fantasmas y, portanto, moradores de ultratumba.Pues adelante, que soy todos oídos. Ycomo diría Federico García Lorca en La Muerte de Antoñito el Camborio: ?Voces de muerte sonaron / cerca del Guadalquivir??