Como director editor de esta colección no solo no tenía previstoparticipar en ella, sino que nació precisamente para sustituirme y dar por archivados los cinco libros que había escrito (uno del viaje porel desierto) sobre el Sáhara. Había descubierto que Marruecos, elMagreb y la cultura islámica desbordaban en mucho la reliquiaposcolonial del Sáhara, un pasado abolido por un nuevo periodohistórico que arrasó el anterior. Que fueran otros los quecontinuasen, como lo vienen haciendo, abordando el Magreb desdenovedosos puntos de vista: la política, la literatura, la religiosidad popular y sufí, como en relación a Iberoamérica, la sociología y lacultura.
Pero la calidad de los ensayistas de esta colección ysus textos me indujeron a pensar, re?exionar e interpelarme, hasta que comprobé que, lejos de ser un asunto de ellos, habían terminado porinvolucrarme. Al Sáhara le debo haberme conducido a Marruecos, como al área subsahariana y a adentrarme en la cultura islámica. Y a misescritores este libro. Necesitaba aportar mis ideas, re?exionar en voz alta como formularme algunas preguntas. Este, se puede decir, es unlibro de preguntas, aunque precedidas de algunas tesis que lasdesatan, no soy ningún tratadista ni erudito, y lo que siempre meatrae es lo orillado, sorteado, prescindido. Esta vez también.