Después de más de un cuarto de siglo en Japón, el autor sigue viviendo su propia identidad escindida entre la seducción y la perplejidad ante lo diferente, que nos reta y nos transforma. Agradece lo aprendido de la tradición oriental y sufre de desconcierto ante la actualidad deun Japón que parece haber perdido su propia entraña. Es emblemático el prólogo: «entre el ruido y el silencio». Al recoger en estas páginas experiencias de años de encuentros y desencuentros, se descubre en el interior de la propia occidentalidad un Oriente escondido. La preocupación por tender puentes interculturales e interreligiosos es el hilo conductor de estos ensayos, repartidos en siete bloques: espacios, silencios, ritmos, caminos, iconos, penumbras y horizontes. Oriente nos invita a estar, callar y respirar: a peregrinar e imaginar: a presentir y reposar. Así nos pacificamos y nos hacemos capaces de pacificar. Al hilo de estas reflexiones se amplía la comprensión de la culturaajena, se redescubre