Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere sutitularidad está subordinada al interés general. (Artículo 128.1 dela Constitución Española)Este breve ensayo, que es también una intervención netamente política, o un panfleto bien armado, rea¬liza una lectura directa, sinintermediarios, de la Constitución de 1978. Para ello parte de unsupuesto básico: la Constitución no es un texto sagrado, intocable,que tengamos que acatar religiosamente en los términos en los que fueredactado durante la primera transición. Esos tiempos pasaron ya, y es hora de comenzar, sin miedo, una nueva transición. Pero es que, además, justamente esto quedó escrito en el texto de1978: la Constitución es, parafraseando a Celaya, un arma cargada defuturo con la que el pueblo soberano dice lo que desea, su propioproyecto de un futuro mejor. Allí donde sus deseos no se han cumplidotoca, por mandato soberano, hacerlos valer. Si la Constitución enuncia el "derecho a la vivienda", no hay cortapisas ni excusas que puedanatenuarlo. Y, de la misma forma, allí donde sus deseos se hanextinguido (no porque se hayan cumplido, sino porque nunca fueroncompletamente suyos, sino más bien concesiones al viejo régimenfranquista, que todo lo quería dejar "atado y bien atado"), urgedesalojarlos del texto. Convertirlos en piezas de museo.