Lejos del sueño, el poeta dispone
varios libros en lamesilla
como cócteles diversos ante la sed.
Premeditadamente,
con alevosía,
como si la noche fuera muy larga.
Lee durantehoras
y termina creyendo las palabras
que otros -igual deinsomnes-
inventaron para él.
O tal vez disimula.
Es capaz de cometer pecados
y noche tras noche
sacar de su chisteramágica
páginas en blanco, asépticas:
el sueño de todo lector que se precie.