Una mano anónima dejó plasmada en un muro de una ciudad indeterminadael siguiente mensaje: La respuesta es Dios. Alguien anotó un poco másabajo. Y¿cuál es la pregunta? Son muchos los problemas con los que nos encontramos a lo largo de nuestra existencia y a los que buscamosinfinidad de respuestas cada cual más insatisfactoria, porque elproblema fundamental al que hemos de hallar solución es el sentido denuestra existencia: ¿Qué somos y por qué y para qué somos? Ni laciencia, ni la política, ni ninguna realidad social puede darnosrespuestas a estas cuestiones. La solución, como señalaba el autor del graffiti, solo puede venir de aquel que nos ha dado el ser y nos hallamado a una vocación inimaginable. Dios es la respuesta y no hayotra, y mientras el mundo no retorne a Dios seguirá dando tumbos sinhallar salida. Pero, mucho peor que no encontrar respuesta, es haberperdido la capacidad de hacer preguntas. Cuando se llega este extremos es porque la sociedad se encuentran en caída libre hacia su ruina.Este libro intenta provocar estas preguntas y orientarlas hacia laúnica respuesta posible: Dios. Quizás esta respuesta no sea del agrado de muchos, pero ¿es que hay otra?