La felicidad ha sido desde siempre el mayor anhelo del ser humano. Noobstante, su imprecisa definición, así como las dificultades paraalcanzarla, la han convertido en un estupendo cebo para aquellos quepretenden mercadear con ella de algún modo. Cientos de terapias ytécnicas emergen en nuestros días como supuestos accesos a la vidafeliz, actuando como placebos con los que intentar aplacar lainquietud existencial inherente a la naturaleza humana. Sin embargo,si de verdad queremos lograr una vida feliz, debemos huir de ideaspreconcebidas sobre las interpretaciones que se han hecho de la mismay comprender de qué manera esta se enraíza en nuestra propia vida. Lafelicidad es un camino personal, un constante quehacer que se prolonga a lo largo de toda nuestra trayectoria vital, imposible de recorrerpor atajos. Se trata, por tanto, de una tarea existencial que pocosasumen tan bien como el melancólico. Su naturaleza insatisfecha lositúa en constante crisis con el mundo que lo rodea, llevándolo acuestionarse, de forma reiterada, las estructuras establecidas. Lasalida de este proceso concluye con la creación de un nuevo mundo quedota de un nuevo sentido a su vida.