«...hay cosas que terminan sin haberacabado, como lo hace la lluvia, sin que sepamos nada de la últimagota». «¿Existe alguna diferencia entre lo premeditado y lo fortuito? En los cuentos de Sin que sepamos nada de la últimagota, a menudo asoma la sensación de que no, de que todo es uno yque el funcionamiento dual al que estamos acostumbrados tiene fallos,quiebras, escapes. Entonces, alguien repara en estas fugas y se acerca a perderse. Perderse para encontrarse. Y esa trayectoria es unasalvación. »Todos los personajes del libro esperan, a veces sin saberlo, que ocurra algo que los zarandee para comprobar que siguenahí, en ese mundo que nada se asemeja al de la infancia o los primeros años de juventud. No es, sin embargo, un libro pesimista.Es un librohumano. Existencial. De él se desprende cierta dosis de esperanza, deilusión, aunque a veces estas se vean truncadas por nuevosabismos. »Falcón consigue banalizar lo profundo, quitarle latrascendencia que acostumbra a dársele a temas como la muerte, lalocura, la infidelidad o la soledad. En los cuentos vemos alusionesimplícitas a mitos, a cuentos clásicos, pero, por encima de todo,respiramos una manera muy particular de entender la existencia, unamanera que se burla del ritmo frenético en el que vivimos en occidente y muestra otras trayectorias vitales que suelen pasar desapercibidas. La idea de la transformación está muy presente en todas las historias y resulta apasionante averiguar cómo va sucediendo, cómo es el camino y qué puentes tiene que cruzar el personaje. Para conocerle hay queseguirle, mirarle, escucharle, entender esos latigazos de concienciaque sufre. Pese al sufrimiento, no son personajes víctima. No. Algunos de ellos se conocen tan bien que ni siquiera se fían de ellos mismos, intuyen sus límitesy actúan. Falcón no los premia ni castiga por susacciones, tan minuciosamente descritas sino que los acompaña en susdecisiones. Son cuentos que exudan vitalidad, movimiento, no hayjuicio, anterior ni posterior. Parecen atemporales y distópicos, peroson el resultado de una mirada libre de condicionamientos que ama lohumano en toda su dimensión».
Maite Alarcón