SANTISTEBAN, ISABEL / LOPEZ CRUCES, JOAQU
Escribir sobre el exilio sin ser un exilado es, cuando menos, trivial. Todos los almerienses que hemos sido sorprendidos por mayo al nortedel paralelo 38 hemos sentido el hondo mordisco de la nostalgia anteel recuerdo de la tibieza y la claridad que quedaban tan lejos. Poreso, comparado con la tragedia delque cruz¢ el Atl ntico en barco o los Pirineos a pie, con laincertidumbre del destino cargada a sus espaldas, hablar sobre elexilio sin ser un exilado puede parecer hasta inmoral.Por eso Sol Poniente no habla del exilio. sus personajes tienen otrosproblemas: Estela, casada con un franc‚s, est totalmente integrada en la vida de su nuevo pa¡s. El¡as parece sentirse como pez en el aguaen la media docena de pa¡ses donde ha vivido. Alexis es tan buenamericano como el que m s, y seguramente habr¡a votado a Reagan porsegunda vez, si lamuerte no lo hubiera sorprendido antes. Hasta PeterMcLaren, el joven escoc‚s que lleg¢ a Almer¡a a los doce a¤os huyendode la gran guerra, se qued¢ por alguna raz¢n, y le dol¡an como suyoslos defectos de la tierra.no, Sol Poniente habla de otras cosas. Habla de la memoria. Porque elpasado es lo que tenemos para afrontar el futuro, y la vida apenas sinos deja darnos cuenta de que los recuerdosse nos van escapando de las manos, dej ndonos como p lidos espectrossin m s apoyo que el de cuatro clich‚s mal hilvanados que seguramentenos est n viciando la imagen de lo que ‚ramos y, por tanto, de por qu‚ hemos llegado a ser lo que somos.Pero hay m s: memoria no s¢lo como una actividad autogratificante,sino como una buena inversi¢n para el presente. El hecho de compartirrecuerdos une a£n m s a El¡as y Estela, crea un fuerte v¡nculoafectivo entre ‚sta y Georges, y le da a El¡as la satisfactoriasensaci¢n de no estar s¢lo en aquella (esta vez, real y definitiva)£ltima tarde en Par¡s. El £nico personaje que no sale beneficiado deeste intercambio es Alexis, que parece no vivir m s que en y para elpresente.Pero, sobre todo,Sol Poniente habla del amor. Amor entendido en casitodas sus acepciones, desde la tortuosa pasi¢n de Fernando, tododeseo, posesi¢n y celos, hasta esa experiencia dulce y llena deternura que supuso para El¡as quiz el recuerdo m s precioso (encualquier sentido) de su vida. Y pasando por el cari¤o materno-filialque une a Estela con Georges, por la camarader¡a juvenil de PeteryPen‚lope,por la fuerte uni¢n infantil de los ni¤os, por la reposada ymadura relaci¢n del matrimonio Jouvert, por el cari¤oso respetoqueGeorges siente por El¡as.Todo eso es lo que nos muestran los personajes de Sol Poniente, en suhumilde intento por llegar a hacerse entra¤ables y formar parte de lagaler¡a m¡tica de cada uno.Y algo m s: que amor y memoria, mano a mano, tal vez eviten que nosconvirtamos en exiliados de nosotros mismos.