Un niño al que devoró este cuerpo grande y áspero que nos devuelveahora el espejo ingrato, cada vez que, precavidos -espejito, espejito- lo consultamos. Pero sabemos bien que mucho mejor que llevar el niñopor dentro, es llevarlo por fuera; es decir, serlo. El protagonista de El corredor de los sueños lo es. Es un niñ o y, como tal, observa ysiente y cuenta las cosas que pasan a su alrededor. O eso he intentado al menos, como autor del libro. La acción transcurre íntegramente enel espacio temporal de un fin de semana, uno de tantos fines de semana de competición para los aficionados a las carreras populares. Antelos ojos infantiles pero incisivos del protagonista, van desfilandolas situaciones, los escenarios y los personajes propios de taleslances deportivo