Como en anteriores ocasiones, una pesadilla provoca en el comisarioMontalbano un malestar profundo, una aciaga sensaci¢n que lo dejareceloso y aprensivo. Por desgracia, una vez m s, los acontecimientosparecen darle la raz¢n.Primero entra en escena Marian De Rosa, milanesa, propietaria de unagaler¡a de arte, mujer elegante y con experiencia, una aut‚ntica femme fatale ante la que Montalbano cae rendido de inmediato. En su fuerointerno, Salvo sabe que su atracci¢n por Marian no es una aventuracualquiera; se trata de algo distinto, como una fuerza invisible quelo trastorna y amenaza con trastocar su lucidez. Livia pasa a ser s¢lo una voz al otro lado del tel‚fono y Salvo es incapaz de sincerarsecon ella, recurriendo a t cticas y subterfugios para postergar unadecisi¢n. Y mientras se debate en el torbellino de sus sentimientos,tres casos importantes requieren su atenci¢n: por un lado, lajovenc¡sima esposa de Salvatore di Marta, due¤o de un supermercado, es v¡ctima de un atraco; por otro, dos tunecinos que trabajan en unafinca agr¡cola desaparecen en lo que aparenta ser un asunto de tr fico de armas; y por £ltimo, una operaci¢n delictiva de altos vuelosaterriza en Vig…ta.As¡ pues, el siniestro sue¤o de las primeras p ginas resultar premonitorio. En el desenlace de sus investigaciones, alguien muyquerido para Montalbano resurge tristemente en su vida, y su relaci¢ncon Livia recupera un cariz olvidado. Con la nitidez con la que unfilo de luz recorta la zona de sombra, un comisario Montalbano m svulnerable que nunca afronta su destino con el alma convulsa.