«En la profundidad del bosque, completamente solos, mientras el viento sacude la nieve de los rboles y dejamos atr s los £ltimos rastroshumanos, nuestras reflexiones adquieren una riqueza y variedad muysuperiores a las que ostentan cuando estamos inmersos en la vida delas ciudades. El zorzal y el trepador son una compa¤¡a m s estimulante que la de los pol¡ticos y los fil¢sofos, a los que volveremos a vercomo quien se reencuentra con unos viejos y vulgares compa¤eros. Eneste valle solitario, en el que un riachuelo desagua las laderascubiertas de hielo estriado y cristales de infinitos matices, entrelos que sobresalen los juncos y la avena salvaje, y se elevan losabetos y las tsugas, nuestra vida es m s serena y verdaderamente digna de contemplaci¢n».