JOSE ANGEL AGEJAS ESTEBAN / SALVADOR ANTUÑ
Las repercusiones del cambio de época que vivimos tanto en la manerade entender a la persona como en el papel social y cultural de laUniversidad como institución centenaria, exigen una reflexiónrenovada. Sólo en el ámbito de una comunidad viva de personas quebuscan la Verdad al servicio de la persona y el bien común se puedenponer en diálogo los distintos métodos científicos por un lado, y loshallazgos sobre el conocimiento del conjunto de la realidad porotro.El presente ensayo ofrece un marco teórico y práctico en que renovarlas prácticas docentes e investigadoras, así como las relaciones conlas que los miembros de la comunidad universitaria han de ponerse enjuego. Porque el corazón de la Universidad no son los edificios, nilos programas, ni tan siquiera los títulos y las publicaciones, sinolas personas que la viven como forma de contribuir a la mejorcomprensión del mundo, de la sociedad y, sobre todo, de quién es elser humano.Lejos de construcciones ideológicas o formalistas, la riqueza de unacomunidad en diálogo aporta las claves para un encuentro y undiscernimiento fecundos y, por lo mismo, eficaces.El texto que ahora se publica ha sido elaborado en el marco delproyecto de investigación "Naturaleza, identidad y misión de laUniversidad Católica" financiado por el Instituto John Henry Newman de la Universidad Francisco de Vitoria durante los años académicos2012–2015.