«Vamos, vemos que me harían falta miles de folios para construirnegando y parodiar el cómo María Ángeles Maeso nos ha reencarnado enlo único bíblico de nuestra infancia: El ?sube a nacer conmigo,hermano? del fondo de la piedra del Machu-Picchu; la tinta negra deldibujo puro de los polisones de nardo; la voz oscura y diáfana del que durante 25 años imploró en la prisión: Decidme, decidme, ¿cómo es unárbol? Ella nos ha sentado en torno al fuego doméstico, ha rescatadoplantas con raíces, nos ha vuelto a dar genética con memoria y aquelacompasado ritmo de una música íntima, con su voz como instrumento.Vamos, que en estos poemas vemos? Aquí no hay cristal de otro colorpara quien mira. Aquí la metáfora sirve directamente el propósito:traernos a la infancia de las cosas. Recuperar el calor perdido usando siempre ese modo magistral que ella tiene de utilizar la negación,para construir la afirmación sabia e irreal al mismo tiempo: esenciadel poema. Es una voz fundamentalmente castellana; agua de noriaromana; mano y arruga laboral, nocturnidad, refugio y ensueño que nosprotegen de un universo de amenaza y atrocidad teledirigida? Frente aun mundo de agresión ella contrapone su palabra noble y que no es sino un cantar de intimidades? El verdadero cantar de cantares? Vamos,vemos que ahí está la síntesis del ?gracias a la vida? y de unaplegaria íntima a lo que aún somos: a lo que aún podemos rescatarnos,porque no nos hemos perdido completamente en la modificacióngenética?Vamos, vemos que aún es posible, que no es demasiado tarde?Yella, con esa síntesis de dulzura al portador, nos permite el créditode volver a creer. (Francisco Viñuela de la Vega, prólogo a la primera edición)