Todo puede haber empezado por el descalabro económico de principios de este siglo, pero las ilusorias promesas de una vida en contacto conla naturaleza, del trabajo manual, del descubrimiento de aptitudesfísicas hasta ese momento insospechadas, lo esperan con amenazasinéditas, hasta dejarlo navegando de noche en medio de una tormentasin más protección que unas bengalas. No quisiera que la crónica deeste despojamiento sea leída en clave simbólica, ascética. El relatode Kullock avanza sin pausa por una serie de observaciones exactas,que nos tentaría llamar realistas, y solo al terminar su lecturasentimos que hemos atisbado una experiencia límite, temible yespléndidam que exige coraje para compartirla.