La obra de Víctor Erice, aclamada y mitificada por la críticacinematográfica mundial, no parece, a primera vista, especialmentemusical. Calificada como silenciosa, contemplativa, pictórica?losanálisis, e incluso el recuerdo del público en general, no hablan demúsica. Sin embargo, cuando se señalan, en concreto, los momentos másemblemáticos de sus películas, paradójicamente emergen, enseguida, unpasodoble bailado por un padre y una hija en una fiesta de primeracomunión (El sur), una copla entonada una y otra vez hasta satisfacera dos amigos pintores que disfrutan del paso de la vida junto a unmembrillero (El sol del membrillo), los enormes ojos de una niñaobnubilada ante la proyección -y la música?- de una película de terror en un pequeño pueblo castellano de las España de posguerra (Elespíritu de la colmena), una canción de cuna que emerge de la nada enel filo de la vida y de la muerte de un recién nacido (Alumbramiento), ? La música es un elemento clave para entender la propuesta expresiva en todas y cada una de las películas de Erice, hilo conductor de sucarrera profesional.