Sólo el enorme talento de Héctor Hernández Montecinos ha podidoconstruir un libro como La Vida Muerta cuando el conversacionalismoparecía atravesar sus estertores finales. He aquí que -quien esprobablemente el mejor dotado entre los jóvenes poetas chilenos dehoy- consigue conmovernos con un fraseo terriblemente coloquial en suatropellada dicción sobre el tema de un amor conflictivo y radicalpropenso a la destrucción de todos los conceptos establecidosposibles. Ningún ícono queda en pie ante la blitzkrieghernando-montecina. Ni el amor ni el odio. Ni las convenciones ni lasrebeldías sociales. Una ráfaga destructiva asola los predios de lapoesía latinoamericana reciente, pero no en el plano del lenguaje -eneste caso- sino en la pura mentalidad de sus transgresores.