Al escritor Iñaki Ezkerra su madre le escondía los libros de Barojabajo llave: un aliciente más. Su abuela, sin saberlo, era barojiana, y desde niño oía cómo defendía con vehemencia todas las actitudeséticas y sociales que luego encontraría en muchos de los personajes de aquellos libros. El antidogmatismo, el asco a la hipocresía, alconvencionalismo y a la intolerancia le unieron para siempre con PíoBaroja, con esa «voz de la intemperie» del narrador sin ocultacionesni artificios y del hombre que opinaba sin necesidad de apoyarse enningún credo o coartada, sin querer representar a nadie más que a símismo.