Seamos sinceros: nadie lee los paréntesis. Todos corremos hacia lasiguiente trama de la historia, como si tuviéramos prisa porquealguien fuera a quitarnos el libro de las manos o se nos terminara eltiempo, tan finito como es. Y a veces, tratando de llegar antes a loimportante del asunto, nos perdemos el verdadero mensaje de laspalabras.
Pocos lo saben, pero en los paréntesis se escondenlas respuestas a las grandes incógnitas de la vida. Las pequeñas cosas del día a día. La magia en las sonrisas de desconocidos. El amor quevisten los ?buenas noches?. Los besos que han aprendido a hablar.
Por eso yo quiero ser paréntesis. No un título. Ni la frasefinal que te pone los pelos de punta o un capítulo entero. Paréntesis. No para ser comprendida y vista por todos. Sino para saber que, quien sepa hacerlo, lo hará de verdad.