Tenía la impresión de que toda mi vida, hasta este momento, no habíatenido otro sentido que llevarme al punto de desesperación que mecondujo a sentarme de cara a la pared, a dejar de correr tras todotipo de quimeras o de metas... y a tratar, sencillamente, de descubrir lo que podía ser en mí mismo el fundamento de lo sagrado. En elsilencio de la práctica de zazen la ausencia de apego a nuestro egonos lleva a la presencia de la naturaleza real de nuestra existencia,que es interdependiente con todos los seres y unidad con todo eluniverso. Podemos existir realmente estando atentos y presentes aquí y ahora en cada respiración.” http://www.azeta.es/imagenes/9788497/978849743127.JPG http://www.azeta.es/imagenes/9788497/978849743127.GIF HRE S CAS