Tuvo Enmanuel Kant, no tan esc‚ptico como Berkeley, la delicadeza deexpresarlo de este modo: si la realidad existe, £nicamente podemosconocerla a trav‚s de los sentidos. Y sin embargo, no le bastan alhombre sus sentidos para conocer aquello, que siendo realidad, va m sall de lo visible. Y lo no visible, nos dice el pensador deK”nigsberg, maestro de nuestro Abel Mart¡n y de su disc¡pulo Juan deMairena, no podemos conocerlo, pero s¡ pensarlo. Va incluso Kant unpoco m s lejos, y nos anima: "atr‚vete a saber", y a eso, que encierto modo es lo que importa, lo llama la cosa en s¡. De peque¤osgestos, modestas historias, costumbres y creencias tanto como deacontecimientos extraordinarios y descomunales est formada la vidadel hombre; todos son fen¢menos que modulan nuestro pensar y nuestrosentir y, de una manera fatal, parecen llevarnos de vuelta a lomos deeste bucle imposible a lo que jam s llegamos a comprender del todo:los peque¤os gestos, las modestas historias, las costumbres, lascreencias y los acontecimientos extraordinarios y descomunales queconfiguran nuestra vida. Unos y otros exceden a menudo nuestracomprensi¢n, pero podemos pensarlos, viviendo lo cotidiano comoexcepcional y lo excepcional como cotidiano. Se han escrito estasp ginas con la inmediatez de un arrebato sentimental que, porsentimental, no es ni justo ni injusto, ni acertado ni equivocado.Hablan del tiempo. Y al hacerlo se dir¡a que crean otro nuevo, acasom s ordenado y justo, m s hermoso y duradero. As¡, quiz , puedaentenderse: una realidad dentro de la realidad, parte inseparable deella, como en esa estampa en la que se ve a un avi¢n que, paraperplejidad y maravilla del ni¤o, le muestra el mundo como unasucesi¢n de abismos de los que ‚l forma parte. En uno de ellos vienedesarroll ndose esta novela en marcha, y si a£n estamos lejos delconocimiento al que aspiraban los amigos de la sabidur¡a, quepensaron la cosa en s¡ desde muy firmes y nobles pedestales, podemosintentarlo en este peque¤o mundo nuestro que va dando tumbos en elvac¡o dentro de otro peque¤o mundo, que a su vez... nos lleva alinfinito, a la infinitud de un para¡so tan inalcanzable como real.